Quiero compartir con vosotros textos interesantes sobre la Crianza en Brazos, la educación en familia y la crianza con apego, que son de diversas fuentes (internet, publicaciones e inspiraciones...)
Este primer texto me ha emocionado, pues me he identificado mucho con esta mamá. Sobre todo, porque mis vecinos y amigos siempre hacen el mismo comentario cuando nos encuentran (antes, con mi niño mayor, y ahora pasa lo mismo con el pequeño): "Pero es que este niño en muuuuuuuuuuuuuyy, tranquilo, nunca le escuchamos llorar..." Entonces, en homenaje a ésta mamá, el nombre de este apartado de mi blog será "Nyonyo" !!!
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?
Testimonio escrito por Claire en el sitio web inglés InCultureParent. Se trata de una madre africana, que vive desde hace varios años en Inglaterra, y nos describe su experiencia de los primeros seis meses de vida de su hija, en los cuales ha “descubierto” la sabiduría del instinto en sus raíces. Os dejo con una lectura aleccionadora, que nos deja con una sencilla regla: el bebé es el único manual del cual nos debemos fiar si queremos ser unos buenos padres. Os daréis cuenta de lo poco que cuesta hacer a un niño feliz.
**************
Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.
Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.
Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.
Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).
Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.
Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.
Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.
La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.
Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.
Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.
Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.
El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.
A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.
La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.
Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.
Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.
«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».
Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.
Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.
Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).
En la boda, en la mesa durante el banquete, la gente que estaba cerca de nosotros observó: «Que niña más tranquila, pero la das el pecho mucho». No comenté nada, pero cuando otra mujer me dijo: «He leído en alguna parte que los niños africanos no lloran casi nunca», no pude reprimir una carcajada.
Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:
1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.
Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.
J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.
(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Transporte vertical versus horizontal en la primera infancia. 1ª parte.
Cochecitos, portabebés y "stress" infantil
de Elizabeth Antunovic (©2008 Sleepy Wrap, Inc.)
En la 1ª parte de este artículo, os contamos por qué: Llevar al bebé en posición vertical optimiza su crecimiento físico, emocional e intelectual.
Introducción
Parece ser que los países europeos son sede de la mayoría de los pediatras que recomiendan que los bebés deben ir tumbados de espalda completamente planos en un cochecito durante la primera infancia y no deben ser llevados para evitar la presión sobre su cuerpo poco desarrollado. Sin embargo, por lo que sé, para un niño pequeño ir de espalda sólo en un cochecito es realmente agotador, tanto física como emocionalmente y puede inhibir su desarrollo. Al ser llevado en posición vertical con la posición de las piernas apropiada no es sólo bueno para su desarrollo, sino que además es la forma preferible de llevar al bebé contigo durante el día. Llevarlo en posición vertical optimiza el crecimiento físico, emocional e intelectual de tu bebé.
El desarrollo de la columna vertebral del bebé
Nuestra columna vertebral no es perfectamente recta, aunque lo pueda parecer cuando miramos a alguien de frente o de espalda. Cuando miras a una persona desde el lado son visibles cuatro curvas ligeras formando una alargada "S". Estas curvas nos ayudan a mantenernos flexibles y equilibrados. También ayudan a absorber tensiones situadas en nuestro cuerpo a través de actividades diarias que afectan a nuestra columna vertebral, como caminar, correr y saltar.
Nosotros no nacimos con estas curvas. las curvas normales de la columna se desarrollan gradualmente. "Se forman como consecuencia de la adaptación al medio externo (la gravedad)" (Morningstar, 2005). Al nacer, los bebés están en un estado de flexión, acurrucados, con su columna vertebral formando una curva natural en forma de C (convexa). Al principio, el bebé no tiene la fuerza para levantar la cabeza, ni las curvas de equilibrio en su columna para hacerlo. Pero gradualmente a medida que los músculos de su cuello son más fuertes, comienza a levantar su pesada cabeza contra la fuerza de la gravedad, y la primera curva comienza a desarrollarse en el cuello (la curva cervical) para ayudar a equilibrar la cabeza. Cuando el bebé comienza a arrastrarse y a gatear se desarrolla la zona lumbar (curvatura lumbar) y los músculos que sostienen su desarrollo. Hasta aproximadamente el primer año, su bebé sólo tiene que desarrollar estas curvas en su columna vertebral (Leveau, 1877).
Al nacer
La columna vertebral de un bebé es en forma de C (una curva convexa). No tiene las curvas de equilibrio ni la fuerza para mantener su cabeza erguida.
Después de los primeros meses
A medida que el bebé va en contra de la gravedad los músculos comienzan a desarrollarse. Los músculos fuertes del cuello ayudan al bebé a sostener su cabeza pesada formando la curva cervical de la columna vertebral.
De los 6 a los 12 meses
A medida que el bebé aprende a gatear y a ponerse de pie, la curva lumbar de la zona baja de la espalda y sus músculos se desarrollan para que pueda mantenerse en pie. Cuando él se aleja de usted por sus propios medios, sólo entonces, todas sus curvas están desarrolladas.
Acostarse plano es estresante para la columna vertebral y las caderas.
Como mostramos arriba, la columna vertebral en forma de C de un bebé no se estira de forma inmediata después del nacimiento. Por el contrario, la forma de S de la columna vertebral no está completamente desarrollada hasta que empieza a caminar por su cuenta. Acostar a un bebé joven de espalda, no es agradable para su columna vertebral. De hecho, esto estira la columna en forma de C en una línea recta. En realidad, esto está estresando la columna vertebral del bebé en lugar de apoyar su forma natural. La investigación muestra que mantener la columna vertebral de un bebé recta no es una posición fisiológica. Además, forzar la columna vertebral del bebé también puede influir negativamente en el desarrollo de las articulaciones de su cadera (Kirkilionis, 2002).
Acostarse en posición horizontal causa deformidades físicas.
Pasarse la mayor parte del día completamente tumbado sobre su espalda no sólo es muy malo para las caderas, sino que los niños que se encuentran con frecuencia tumbados de espalda en una silla de paseo pueden terminar con plagiocefalia (deformación del cráneo, aplanado en la parte posterior o lateral) y cuerpo deformado con un tono muscular pobre (Bonnet, 1998). La investigación respaldada por la Academia Americana de Pediatría establece que "con la inmovilización prolongada en un colchón firme o una cama plana (como en un cochecito), la influencia constante de la gravedad aplana la superficie del cuerpo contra el colchón y producir trastornos de posición y bebés con tono muscular disminuido (corto, 1996) ".
En cochecito u otros "contenedores"
No queremos decir que un par de paseos alrededor de nuestro bloque en cochecito vayan a causar estragos en el desarrollo físico del bebé. Pero la verdad es que el promedio de llevar en cochecito a un niño occidental de entre tres semanas y tres meses de edad es de un poco más de dos horas y media al día (Heller, 118.) Pero además terminamos llevando al bebé en un "objeto contenedor" en el coche, en la tienda, para almorzar, de regreso al coche otra vez y en casa más*. A veces, hasta el balanceo lo podemos hacer con un clic sin tocar al bebé mientras hacemos la cena, en la hamaquita mientras comemos, y poco después a dormir en una cuna. Occidente se ha apartado una eternidad de la crianza de los hijos y ha llegado al punto en que los objetos definen la existencia de nuestro bebé más que nuestros cuerpos.
"Separar el recién nacido de su madre y colocarlo de espalda o de frente en una superficie plana, a menudo descubierto es no entender la gran necesidad de envolvimiento del recién nacido, de soporte y cobertura total, y de que el niño puede introducirse sólo gradualmente en el mundo de espacios abiertos. Desde el apoyo, y la presencia continua y tangible de su madre, el niño poco a poco llegará a moverse a cierta distancia hacia el mundo exterior ". (Montagu, 294)
A veces los cochecitos pueden ayudarnos a salir por períodos cortos de tiempo y librar nuestros brazos. Sin embargo, ningún contenedor puede sustituir a los brazos de una madre.
* Tenga en cuenta que el autor no quiere dar a entender que un portabebé debe sustituir a su asiento de seguridad para el coche. Nunca debe conducir o llevar a su bebé en un portabebé, mientras va en un vehículo en movimiento.
El repliegue del feto
Los recién nacidos son prácticamente imposibles de estirar a menos que los envuelvan. Cuando se coloca un niño de espalda, los muslos por lo general se acercan a su pecho (Schon, 2007), o cuando duerme se sienta a horcajadas y se inclina en una posición de "rana". "El repliegue del feto, la posición natural de los bebés es la más tranquilizante y adaptativa.
Los bebés utilizan menos oxígeno, conservan más energía, gastan menos calorías y digieren mejor el alimento. También es la mejor posición para la termorregulación por la exposición menor de la zona del estómago. Tenemos células reguladoras de la temperatura más eficientes en la parte posterior de la espalda así como más grasa. Cuando llevamos a nuestros niños vientre con vientre les estamos protegiendo todos los receptores y los órganos vitales (Montagu, 1986).
El instinto generalizado de las piernas flexionadas que un niño tiene al cogerlo, junto con el palmar plantar reflejo que ayuda al niño a aferrarse a su madre, sugiere que los cuerpos de los niños pequeños cuerpos se adaptan para ser llevados en posición vertical y orientados hacia sus madres.
Llevando a su bebé con las rodillas flexionadas completamente contra su pecho y con apoyo desde las nalgas, estará llevando a su bebé en la posición natural que su cuerpo instintivamente asume para garantizar que está cómodo, cálido y seguro.
Sillas de coche
Si las del cochecito posicióna al bebé en una posición un tanto vertical (como en los asientos de automóvil para bebé) puede ser más agradable para su columna vertebral en forma de C del bebé, ya que no la estira horizontalmente. Sin embargo, a pesar de que puede parecer una opción más agradable para transportar a su pequeño, la investigación de la Asociación Internacional de Quiropráctica Pediátrica pone de manifiesto que los asientos de coche no son el transporte ideal para su bebé debido a las "restringidas opciones posturales que puede afectar el cráneo en desarrollo del bebé y la columna vertebral "(Asociación Internacional de Quiropráctica Pediátrica).
Al mantener la columna vertebral en forma de C estos artilugios realmente puede prevenir e impedir la formación de las curvas naturales. Los bebés pueden tener dificultades para adquirir la fuerza muscular adecuada para mantener su cabeza hacia arriba si tienen muchas posibilidades para hacer frente a la gravedad.
Aunque el asiento de coche es compatible con su columna vertebral y la cabeza y el cuello mientras él duerme la siesta, cuando está despierto las correas le impiden trabajar sus músculos para sostener su propia cabeza. Muchos bebés pasan la mayor parte de sus horas de vigilia en asientos restrictivos como éste.
Llevar al bebé en posición vertical para un desarrollo físico positivo
Cuando los bebés van en posición vertical, se les permite practicar movimientos compensatorios para mejorar la fuerza muscular y permitir un mayor control sobre sus habilidades de motricidad fina. Cuando la madre camina, se detiene, o gira, el cuerpo de un bebé de forma natural trabaja en contra de la fuerza de gravedad para mantener su posición. La fuerza de gravedad es un elemento positivo en el desarrollo infantil que permite a los niños aprender desde el principio a mantener la cabeza erguida y mantener su cuerpo aferrado a la madre y en equilibrio.
(...)
Próximamente publicaremos la 2ª parte de este artículo
Agradecemos a NAP Inc este completo artículo. Artículo traducido al español por Kangura.com
Ver artículo original en inglés en Sleepywrap.com
Este artículo se encuentra protegido por una licencia Creative Commons.
Puedes imprimirlo o difundirlo a través de internet manteniendo el texto completo y enlazándolo a la página original Kangura.com
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::
Bebés Mal Acostumbrados
¿Se puede viciar a un bebé?
Para muchas abuelas ésta es una pregunta retórica, y su respuesta será siempre un gran y sonoro ¡sí!.
Curiosamente, sin embargo, hasta que el niño es pequeño, son las abuelas las que generalmente critican a las madres demasiado complacientes y, por el contrario, cuando el niño crece, son las madres las que se quejan de las abuelas de caramelo fácil. El problema del vicio o del capricho surge generalmente cuando, ya a los pocos días de vida, el niño expresa sus malestares a través del llanto y tenemos que decidir si acudir en seguida y cogerlo en brazos o dejarlo gritar. La madre o el padre que no puede resistirse y opta por la primera solución, apenas el pequeño se calle, la primera cosa que los otros pensarán y/o dirán será: «ya lo han viciado» o «ya lo han mal acostumbrado».
No obstante, para ser claros, hay que distinguir entre vicio y mala costumbre: el vicio se refiere a algo que deseamos, pero que es perjudicial para nuestra salud (por ejemplo el tabaco, el café, los juegos de azar, etc.), mientras que un mal hábito o una mala costumbre no llega a ser tan perjudicial y, ciertamente, no crea una dependencia.
A diferencia de los adultos, un bebé no puede desear algo que resulte perjudicial para su salud, ya que su existencia está gobernada por el instinto. Al igual que cualquier otro mamífero, los “cachorros de hombre” tan sólo desean aquello que necesitan: quieren comer sólo cuando tienen hambre y no cuando pasan por delante del escaparate de una pastelería, quieren salir a dar un paseo cuando ya se han cansado de mirar al techo y no cuando el reloj de sus padres marca las cinco de la tarde del sábado.
Por el hecho de que está gobernado por el instinto, nuestro exigente cachorro no es capaz de ver el mundo a través de los ojos de sus padres y, por lo tanto, no sabe cuándo es el mejor momento para hacer ciertas demandas; él llora, alguien lo escuchará tarde o temprano y vendrá en su ayuda.
En el pasado se creía que los bebés no tenían ni aptitudes ni competencias y, por lo tanto, no sabían lo que querían, mientras que los adultos, adiestrados por los expertos, sabían exactamente qué era lo mejor para ellos: el horario de las comidas, la cantidad de leche que debían tomar, cuándo ir de paseo, las horas que tenían que dormir, qué juegos eran los más recomendables…
Desde los años 60 en adelante se descubrió que todos los recién nacidos, desde los primeros días, aun siendo incapaces de conseguir comida por su propia cuenta, saben exactamente lo que necesitan para sobrevivir y ser felices: sus necesidades y sus deseos coinciden. Poco a poco nos hemos dado cuenta de que si “les preguntamos” a ellos qué es lo que necesitan no cometeremos errores; decidir en su lugar resulta ser más difícil e incluso peligroso.
Grandes psicólogos, como Winnicott y Piaget, se han dado cuenta de que los recién nacidos durante los primeros meses de vida no son capaces de verse a sí mismos como algo distinto e independiente del mundo exterior; ellos y el mundo son la misma cosa, su cuerpo y el cuerpo de su madre son percibidos como una única entidad. Durante los primeros meses el bebé es incapaz de pensar el tiempo, el antes y el después, no puede distinguir entre los medios y los fines y de concebir que existen relaciones causa-efecto; sólo son capaces de vivir el aquí-ahora. Cuando un bebé tiene una necesidad, tanto física como mental, su cerebro pone en marcha una serie de acciones finalizadas a llamar a un adulto que lo pueda ayudar a resolver su problema y a mantener un constante equilibrio físico y psicológico (bienestar). Por lo tanto, nosotros somos su filtro y su vinculación con el mundo exterior, y estamos aquí para ayudarle a vivir y a ser feliz.
Debemos recordar que un bebé, desde el punto de vista biológico, nace cuando su organismo es capaz de vivir de forma autónoma fuera del útero de la madre, pero en realidad no ha nacido todavía: nacerá realmente cuando se dé cuenta de que está en el mundo. Hasta ese día, cuando sienta la necesidad de ser abrazado, se verá obligado a llorar para requerir nuestro respaldo.
Si coger a los niños en brazos y acunarlos se considera un vicio o una mala costumbre, obviamente nos estamos confundiendo demasiado, lo que demuestra que nosotros también necesitaríamos que alguien nos cogiera en brazos; tal vez seamos nosotros los que tengamos que recuperar un poco de esa serenidad y dulzura que muestran nuestros bebés cuando finalmente se sienten abrazados.
Fuente: http://bebeeconomico.wordpress.com/2011/04/21/bebes-mal-acostumbrados/
